Restaurante Vinatea – Morella

Restaurante Vinatea – Morella

Para los que no conozcáis Morella, espero despertar vuestra curiosidad a la hora de elegir un destino si queréis hacer una escapada a uno de nuestros pueblos más emblemáticos. Situado en lo alto de una montaña y rodeado por una imponente muralla, Morella se yergue orgullosa como la capital de la comarca de Els Ports en el noroeste de Castellón. Forma parte, y no sin motivo, de la red de pueblos más bonitos de España gracias a sus monumentos como el castillo (que no pudimos visitar a pesar de nuestra insistencia), sus murallas, la iglesia arciprestal de Santa María, su gastronomía (de la que hablaremos largo y tendido más adelante) y sus fiestas patronales, el Sexeni, que se celebra cada 6 años y atrae a una gran cantidad de turistas.

En nuestra visita tuvimos la gran suerte de contar con unos guías excepcionales, J mi compañero de trabajo y D (¡muchas gracias chicos!). Y digo suerte porque sin ellos no hubiéramos acertado en la fecha del viaje, ya que durante el primer trimestre del año se celebran en Morella las Jornadas Gastronómicas de la Trufa. Yo tengo un dicho cuando vas a comer a un restaurante y es que si un plato lleva trufa, pídelo. Pues imaginaos 13 platos de un menú elaborados todos con trufa. Empecé a salivar desde el primer momento. No me costó mucho convencer a Guaif para ir allí a pasar el día. Aprovechamos también para hacer noche en Cinctorres, el pueblo de D y con el que Morella mantiene una rivalidad bastante curiosa.

Pero a lo que íbamos. Para comer teníamos varios sitios para elegir pero gracias a la recomendación de J optamos por el Vinatea (http://restaurantevinatea.com/), un restaurante situado en el centro del pueblo. Y he de decir que fue todo un acierto. Así que después de hacer la toma previa de rigor en uno de las terrazas del casco antiguo nos dirigimos al lugar de la pitanza. Nada más llegar nos llamó la atención el contraste de la modernidad del restaurante con el casco antiguo en el que está situado, pero debo decir que el sitio está decorado con un gusto exquisito. Nos presentó el menú un camarero brasileño que hablaba un valenciano más correcto que el mío y después de darle una nueva ojeada y oír rugir nuevamente nuestras tripas, elegimos el vino y nos dispusimos a dar comienzo el festín.

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Bocabit Trufado con pesto de queso de leche cruda de oveja de Morella, crema de queso de Tronchón, caviar de pesto, piñones tostados y sal de setas.

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Sinceramente, tardas más en leer el nombre del plato que en comértelo. Es literalmente un bocado donde lo que más destaca es el pesto que, lamentablemente se come el sabor del resto de ingredientes. Ni siquiera se nota la trufa. Aun así, un buen canapé para abrir boca que sirve como preludio para la espectacular sinfonía de platos que estaba por venir.

Crujiente con brandada de bacalao, tacos de anguila ahumada, lágrimas de pimiento, perlas de aceite de AOVE arbequina y confitura de pimiento rojo Trufado.

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Aquí ya empezamos a hablar de cosas serias. Soy un gran fan de la anguila y este plato me encantó. La mezcla con el bacalao y el pimiento lo asemejan a una especie de escalibada, donde la trufa y la anguila ponen el punto de distinción. Un gran entrante que mejora ampliamente a su predecesor, del que ni te acuerdas después de haber probado el primer bocado de esta brandada.

Crema de erizo de mar con espuma de alga codium y sal de oro Trufada.

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¿Sabíais que las partes del erizo de mar que se comen y se sirven como un verdadero manjar (porque lo son) son las gónadas? Si, el pussy del erizo. Pues aquí nos lo sirvieron en crema, una manera de cocinarlo que no había probado aún, y he de decir que para mi gusto queda un poco suave ya que lo que creo que debe destacar de los animales marinos es precisamente el sabor a mar. No digo que sea como pegarle un lametón a un espigón de playa, pero aquí el sabor del erizo estaba demasiado camuflado por el hecho de ser crema. La sal de trufa sin embargo arregla el plato y lo convierte en notable, un gran acierto.

Tartar de atún de l’Atmella de Mar y algas al curry sobre pan crujiente de wakame y mahonesa de plancton marino.

Esto es la rebanada que podéis ver en el plato de la foto anterior. Lo sirven junto a la crema de erizo. Si te comes primero la rebanada y luego la crema la lías y te cargas dos platos, así de fácil. Tiene todo el sabor a mar que le falta al erizo y la mahonesa no esconde para nada el sabor del atún sino que lo realza. Epic win.

Croqueta de calçots y Trufa con bechamel de leche de oveja rebozada en panko, romesco de Kimchi y bizcocho rápido de brasas.

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Para los que no lo hayan probado, los calçots son como cebolletas que se hacen a la brasa sobre tejas y se comen con las manos mojándolos en una salsa llamada romesco, hecha principalmente de tomate, ajo y almendra. ¿Como meter todo eso en una croqueta? Pues lo han conseguido. Hasta el sabor a brasa, para quitarse el sombrero. Para mí uno de los mejores platos de la comida sino el mejor.

Foie micuit casero con chocolate blanco Trufado, maíz y toffee de naranja valenciana.

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Con el hype por todo lo alto del plato anterior llegó lo que para mí supuso una decepción, ya que no sólo creo que el chocolate blanco no le pega a ningún plato de lo dulce y mantecoso que es, sino también por lo indiferente que me dejó en conjunto. No me gustó la presentación y aunque el foie estaba estupendo el toffee amargo tampoco le hace justicia. Mezclar el foie salado con chocolate blanco extra dulce con naranja amarga no me pareció acertado. Y para rematar cuatro granos de panís dejados caer por ahí. Se me quedó algo cojo.

Steak tartar de solomillo de ternera de Morella al estilo nikkei con crema de huevo frito y Trufa.

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Llegamos a uno de los platos fuertes y sólo llevamos medio menú. La cosa iba muy bien y pedimos nuestra segunda botella de vino (del que hablaremos más adelante). Mientras me lleno la copa nos ponen delante el steak tartar y tengo que resistir la tentación de coger un trozo de pan y hacerme un bocadillo con el contenido del plato. El huevo frito con trufa es una delicia y junto con la ternera cruda hace que en tus papilas gustativas estalle una hemorragia de placer. Otro plato que va al pódium.

Crema de alcachofas de D.O. Benicarló, huevo de codorniz, polvo de oreja de cochinillo y Trufa.

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Una crema como la hacen las abuelas, con mucho sabor y tropezones. El huevo le da el toque a la presentación, la oreja le da una textura muy peculiar y la trufa hace que con cada cucharada te entre el olorcillo por las pituitarias. Un plato con el que disfrutan los cinco sentidos.

Lomo de esturión confitado a baja temperatura con salsa de naranja sanguina, uvas mini y falso caviar de Trufa.

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Y llegamos a la tercera posición del pódium. Nunca en mi vida había probado el esturión y debo decir que me sorprendió muy gratamente. Es un pescado con un sabor y una textura muy peculiar y el hecho de estar cocinado a baja temperatura lo realza de forma magnífica. El sutil dulzor de la naranja y las uvas le dan un toque afrutado que queda estupendo con el pescado y el caviar de trufa es la perfecta guinda del pastel. Un plato redondo.

Canelones de gallina con bechamel Trufada y nube de queso de vaca.

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El último plato caliente del menú fueron estos canelones que si bien no destacan por su espectacularidad sí lo hacen por el gran sabor que se consigue a pesar de su sencillez. La carne de gallina, algo jasca de normal, queda perfecta con la bechamel trufada y el queso suave por encima hace que el conjunto de los tres ingredientes quede completo cuando te lo metes en la boca.

Espuma de cuajada, dulce de leche de oveja Trufado y crema de guayaba al humo de romero.

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Si bien este plato era el prepostre, para mí fue el postre definitivo ya que yo terminé de comer aquí por motivos que expongo más abajo. En Morella si hay algún postre que tiene fama es la cuajada, la hacen riquísima. A mí me encanta, ya que de pequeño mi abuela la hacía casera con la leche de los animales de casa y cuajo natural con lo que estaba ansioso por probarla. Pues bien, cuanto mayores son las espectativas mayor la decepción. ¿Por qué en espuma? ¿Por qué quitarle sabor a algo tan simple y bueno como la cuajada normal de toda la vida? Ni idea. Edulcorada hasta extremos desagradables con el dulce de leche y con una peste a humo que echaba para atrás, algo con tantas posibilidades
de estar tan bueno haciendo lo mínimo queda muy deslucido.

Cremoso de calabaza asada con coca de la yaya, helado de yogur y miel de oro de Trufa.

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No me gustan ni la miel ni la calabaza. Como ya dije antes, para mí este plato ni existió. Si tuviera que ponerle un pero a la comida, sin duda fueron los postres.

La comida la regamos con dos vinitos de la tierra, La Tarea, un blanco que como a mi no me gustan mucho el vino blanco no sabría deciros si bien o mal pero el que sí que me pareció espectacular fue el segundo que pedimos, Clot, un vino blanco elaborado con uva negra que resultó ser transparente como el agua y una auténtica delicia. Blanc de Negres, anuncia la etiqueta. Y ni lo uno ni lo otro, sino todo lo contrario. Buen vino aunque ya digo, no soy muy partidario de los blancos aunque sean de uva negra (por aquello de la mona vestida de seda y esas cosas).

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Al final de la jugada, si tuviera que resumir la experiencia diría que salimos bastante satisfechos a pesar de que hubo algún plato que no acabó de gustarme. El buen trato que recibimos y la buena compañía también influyen y éstos fueron exquisitos.

Después de la comida fuimos a dar una vuelta por el pueblo para rebajar tan espléndido yantar. Por último, viajamos a Cinctorres para retirarnos y despedirnos de J y D. Y no podemos pasar por alto el desayuno típico de la comarca que nos sirvieron al levantarnos; de hecho yo no me había levantado y bajó Guaif sola a desayunar pero al ver lo que había me mandó esta foto:

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Obviamente tardé un minuto en saltar de la cama y bajar corriendo con las legañas repegadas y la marca de la sábana en la cara a hincarle el diente a esos embutidos levitando encima de la mesa. ¿Hay algo mejor que levantarte y que te pongan delante cuatro ristras de salchichones, longanizas y chorizos? Si lo hay, yo no lo conozco.

P.D. Este post se lo quiero dedicar a las personas que hicieron del viaje inolvidable: J (seguim esperant els flaons), D (por favor, recuérdaselo constantemente) y al Lord Regente del Castillo Caminaculs (su oronda majestad). ¡Volveremos!

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